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Error Banderas

En nuestro blog, ya hemos hablado del correcto uso de las banderas.  Ha sido uno de los post que más visitas han recibido. Es por ello,  que me decidido a escribir otro que aunque habla de banderas no tiene nada que ver con el correcto uso que se debe hacer de ellas.

Os cuento, una siempre tiene la mala costumbre de fijarse en todo cuando va por la calle  (será defecto profesional). Es un mal hábito que me es imposible dejar de tener. Una costumbre que me permite poder escribir post como  este.

portada ayto 1

Justamente hace un par de días estaba trabajando cuando de repente  vi este balcón municipal. Sólo os diré ,en referencia a su ubicación, que se trata de un municipio de Valencia que encontramos en la  comarca de  l’Horta Nord, ( no diremos cual para no herir sensibilidades).

portada ayto 2pekePues bien, si recordáis ya dijimos  en nuestro post anterior que  las ordenaciones de banderas pueden ser pares e impares. En ellas, siempre deberá estar la bandera nacional y la autonómica. Ocupando primer y segundo puesto respectivamente. Si os fijái esta ordenación ,es par… aunque hay 5 mástiles. En primera posición está la bandera española, en segundo lugar  la bandera de la Comunitat. El error empieza en la tercera posición. Vemos que tienen colocada la bandera de la Unión Europea dejando en último lugar la bandera, que suponemos, que es la del municipio en cuestión.

¿Cual seria la ordenación correcta?

 1 . Bandera de España.

2. Bandera de la Comunidad Autónoma

3. Bandera del municipio

4. Bandera Unión Europea ( opcional)

Invitamos al personal de esta institución a que revise la  LEY 39/1981 DE 28 DE OCTUBRE sobre el uso de banderas en España  y que ponga en orden su balcón municipal. Por que muchos pueden entender que este error  puede pasar desapercibido hasta que llega el día que se hace evidente. 


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¡Maldito trapo!

Esto no pasaría si la gente que debe hacerlo prestara más atención a su trabajo. Todo son pequeños detalles que al final, marcan la diferencia.

Protocolo a la vista

Que las autoridades descubran una placa al inaugurar un edificio, en homenaje a una persona relevante, con motivo de una restauración importante o por el motivo que sea, es parte de su trabajo y uno de los actos más habituales a los que se enfrentan. No es muy complejo organizarlo. Pero aunque el esquema pueda resumirse en cuatro puntos ( antes cinco, porque lo del vino de honor, se acabó desde que llegó la crisis):

-Recibimiento y saludos entre anfitriones y autoridades
Palabras del anfitrión
-Descubrimiento de la placa y
-Palabras de agradecimiento de la autoridad
(Vino de honor)

es el típico acto en el que los detalles cuentan y se ven mucho. Lo hemos comentado en el blog otras veces, pero no por ello nos resistimos a seguir “ilustrando” lo que se podría evitar con muy poquito esfuerzo.
Trapito
¿y qué hago yo con este trapo?

 

 

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A Madrid le falló la comunicación

Este fin de semana Madrid dejó aparcado el sueño de organizar unas olimpiadas, al menos de momento. Cayó en primera ronda con Estambul para lograr unos JJOO en 2020 que al final se llevó Tokio.

Aquí no vamos a entrar en la conveniencia o no de celebrar una competición de tal magnitud. Ni siquiera nos interesa analizar las razones que han podido llevar a Madrid a una eliminación tan deshonrosa después de tres intentos. En este post lo que queremos analizar son los errores en la comunicación y en la imagen que lastraron una presentación que podía haber llegado a ser brillante.

Aquellos que seguisteis la emisión ya conoceréis que el primero en hablar fue Juan Antonio Samarach hijo. Miembro del COI (Comité Olímpico Internacional), hijo de un padre ilustre para la institución, con un perfecto dominio del inglés, explicó las razones que llevaban a la capital de España a presentarse por tercera vez y dió paso al presidente del gobierno, Mariano Rajoy.

Es cierto que no habló en inglés. No le vamos a criticar por ello. No domina el idioma, no está cómodo y la mejor opción para él es hablar en español por mucho que pueda sorprender a los miembros del COI. Hasta ahí todo comprensible. El problema es que Mariano Rajoy hizo uno de los peores discursos en lo comunicativo que le hemos oído al presidente. Más allá del contenido, el presidente estuvo gritón, parecía más un mitin que una presentación frente a una audiencia que se presume profesional a la que debes deleitar pero no apabullar. Acompañando los chillidos, Rajoy añadió una gesticulación extremadamente fuerte que aumentaba aún más si cabe los decibelios de su discurso y distorsionaba el verdadero mensaje que quería transmitir. En definitiva el espectador estaba más interesado en bajar el volumen del televisor que en los datos económicos que cantaban las bondades de Madrid 2020.

Para acabar con el presidente otra de las cosas poco compresibles y a la que son muy dados los políticos españoles es a leer los discursos y no hacer ni un pequeño esfuerzo para aprendérselos de memoria. Si esto fuera la puesta de la primera piedra de un juzgado por poner un ejemplo, quedaría feo pero no pasaría nada. La cuestión es que estamos hablando de una presentación para ganar unos JJOO y el mensaje tiene que llegar a los ojos de los que te están escuchando, algo que leyendo un papel cada 10 segundos resulta harto complicado. El presidente de Turquía, Tayyip Erdoğan y el presidente de Japón, Shinzo Abe, podían llevar una chuleta pero no se les notó nada. Estaban relajados, sonrientes y pendientes de cómo recibía la audiencia aquello que estaban contado. Más aún, Shinzo Abe que afrontó el problema de la elevada radioactividad en Fukushima sin rodeos, era lo que más preocupaba y supo tranquilizar con su discurso a los miembros del COI.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/especial-candidatura-olimpica-2020/abe-promete-coi-fukushima-tenido-ni-tendra-efecto-tokio/2014077/

La alcaldesa de Madrid, tuvo dos momentos “peculiares” que pueden haber lastrado la imagen de su capital ya no frente a los miembros del COI sino frente a la prensa internacional. Vamos a empezar por el final, el ya famoso “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”. Ana Botella no sabe inglés, es de la generación de Rajoy y no domina el idioma. Hizo el esfuerzo de hablarlo pero con hablarlo no basta, hay que saber expresar y Ana Botella “sobrexpresó” si se permite la palabra, sobreactuó. Se sabía el discurso de memoria pero en ningún momento supo dominar los tiempos de la alocución con lo que sus palabras sueltas en inglés subían y bajaban de intensidad sin ningún orden.

Por comentar brevemente el tema del relaxing cup, voy a volver a excusar a Ana Botella. Entiendo que a ella le escribieron el discurso y que la alcaldesa lo único que hizo fue retransmitirlo lo mejor que supo. ¿A quién se le ocurrió lo del relaxing cup? No lo sé, pero está claro que no fue buena idea. La Plaza Mayor de Madrid es muy bonita, nadie lo niega, pero en el imaginario colectivo internacional no se puede comparar con la 5ª Avenida de Nueva York,  la Torre Eiffel, Picadilly Circus, el Trastevere o sin ir más lejos las playas de Ibiza. Se supone que el relaxing cup intentaba evocar un momento mágico en el imaginario colectivo, una experiencia especial en la vida, un instante, una experiencia que no existe. Nadie sueña con tomarse una café en la Plaza Mayor de Madrid.

El segundo momento de Ana Botella, se produjo en los días previos a la presentación y lo mejor es verlo:

A una de las preguntas cruciales que tenía que saber responder cualquier miembro de la delegación española, la alcaldesa contestó lo que le pareció pues no había entendido la pregunta y para rematar el presidente del COE a micro abierto le tuvo que decir que no le habían preguntado eso.  Conclusión; no te quites bajo ningún concepto la traducción simultánea si no dominas una lengua.

Por último un detalle desagradable que al igual que vimos los españoles también vieron en el resto del mundo. Como si de un patio de colegio se tratara la Princesa de Asturias tuvo que llamar la atención para que guardaran silencio al diputado Jorge Moragas y a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, mientras Don Felipe hacía el único discurso que fue comunicativamente impecable.

Si algo queda claro, es que en cuestión de comunicación, las cosas se podían haber hecho mejor.