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Sacar partido de un error o acabar hundido

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Ya debían hacerlo con el nacimiento de los medios de comunicación de masas pero ahora con las redes sociales, “los famosos” deben vigilar más que nunca sus comportamientos y apariciones no programadas. Un mal paso y puede cambiar la imagen que la sociedad tiene de ti, un mal paso y quedarás expuesto para siempre.

Eso le ocurrió a Esperanza Aguirre el pasado jueves. La lideresa de los populares madrileños dejó su coche en el carril bus de la Gran Vía de Madrid para bajar a sacar dinero de un cajero. Es un comportamiento poco cívico que se suele repetir todos los días en las calles de cualquier ciudad de España pero si para un desconocido el acto está mal, para un político que debe dar ejemplo de comportamiento en su vida pública y privada, aún está peor.

Como a estas alturas todo el mundo sabe, unos agentes de movilidad multaron a Aguirre merecidamente y esta nerviosa y con ganas de acabar arrancó el coche, tiró una moto de los agentes al suelo y se fue a casa. Multa y fuga en un misma tarde. Los policías la siguieron hasta casa, y después hicieron un parte con todo lo que había sucedió, un parte que puede costarle a Aguirre un juicio y una multa superior por desobediencia a la autoridad.

Los jefes de prensa no pueden acompañarte a sacar dinero, no pueden estar pegados a ti las 24 horas del día, llega un momento en que los personajes públicos deben usar el sentido común. Ante una situación de estas características, Aguirre tenía dos opciones;

1- La Mala. La que utilizó. Además de la multa, comportamiento altivo en plan “como soy famosa me estáis multando y así lo podréis contar a los amiguetes”. Resumido en sus propias palabras “multita o bronquita”.

Consecuencias de este comportamiento. Escándalo mayúsculo en los medios de comunicación, las redes sociales y chiste nacional durante varios días.

speed comic esperanza formula esperanza- fast

2- La buena. La multa no se la va a quitar nadie porque ha cometido una infracción. Aguanta con una sonrisa la situación e intenta sacarle partido. Estate con los agentes el tiempo que haga falta, coge la multa te haces una foto con ella y la subes a la red: “La ley es igual para todos, he dejado el coche en la Gran Vía para sacar dinero y los agentes haciendo perfectamente su trabajo me han multado. Ahora sólo toca pagar. El estado de derecho funciona”.

Así, no se puede asegurar que alguien no le sacará punta a la situación de Esperanza Aguirre multada pero desde el principio hubiera tomado la iniciativa de la situación, hubiera controlado mejor las consecuencias y el tema posiblemente se hubiera finiquitado en un par de horas.

Además con ese carácter extrovertido y populista que solía demostrar Aguirre en actos controlados no le hubiera costado mucho ganarse a los policías y la opinión pública.

Esperanza on-fire

La situación de una política dándose a la fuga después de ser multada es lamentable pero si hay algo peor comunicativamente hablando es intentar justificar tu comportamiento desviando la culpa con descalificaciones hacía la policía en una turné de apariciones públicas en todos los medios que deberían estar totalmente controladas por ella y por su gente de prensa.

Volvamos a las dos opciones.

1-La buena. Nos han multado, nos hemos echado a la fuga, sólo nos queda pedir perdón.

2-La Mala. Seguir dándole vueltas al tema, sin asumir culpas y además hacer declaraciones del tipo de: “No les debía preocupar la fluidez del tráfico”, “La moto estaba muy mal aparcada”, “Hay mucho machismo”, “Los agentes de movilidad eran bastante machistas”, “Oigo que les llaman los agentes de inmovilidad”, “La cara del agente cuando vio quien era yo no se la puede usted imaginar, la cara de quién se frota las manos”.

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Esta reacción aún empeora nuestra imagen pública porque ofrecemos la sensación de no aceptar la realidad justo porque somos un personaje público al que no le deberían pasar estas cosas.

Este error de comunicación derivado de un mal comportamiento cívico ha entrado a formar parte del currículo como personaje público de Esperanza Aguirre. Un anécdota que llega para quedarse y que será prácticamente imposible hacerla olvidar por mucho trabajo de gabinete de prensa que se realice.

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